2 de octubre de 2009

La Bamba en latín

Para bailar la Bamba,
para bailar la Bamba
se necesita una poca de gracia,
una poca de gracia y otra cosita
y arriba y arriba, y arriba y arriba
por ti seré, por ti seré, por ti seré.
Yo no soy marinero. Yo no soy marinero.
Soy capitán. Soy capitán. Soy capitán.
Bamba, bamba.
Bamba, bamba.
Bamba, bamba


"Ad tripudire Bambam,
ad tripudire Bambam
se indiget paucam gratiam,
paucam gratiam et aliam reculam1
et sursum et sursum, et sursum et sursum
te ero, te ero, te ero.
Ego non sum nauta. Ego non sum nauta.
Caput sum. Caput sum. Caput sum.
Bamba, bamba.
Bamba, bamba.
Bamba, bamba"




1 Diminutivo de cosa, res, rei, en acusativo, formado por res + c-ula (sufijo del diminutivo femenino en el latín vulgar)

28 de septiembre de 2009

Addictio

Soy adicto a todos tus licores,

ebrio por

ebrio para

ebrio en ti.


 

El tiempo te favorece,

oh ambrosía delectable,

adquieres cuerpo,

aroma, detalles.


 

¡Ah!

El ímpetu por decírtelo todo

me hace errar,

no es el tiempo quien te favorece

sino tú

quien al tiempo honras

con tu cambio,

tu mejora,

tu perpetua mejora

de lo perfecto.

21 de septiembre de 2009

Maniqueísmo y actualidad

La siguiente expresión es lo último del manqueísmo para esta temporada otoño-invierno:

¡Está(s) bien mal!

Sobre hermenéutica y utopías

En mi facultad hubo campaña para elegir consejo de representantes: alumnos encargados de un cuartito con ordenadores, refrigerador y microondas; de hacer ruido en los feriados y eventos a diestra y siniestra; y dizque de "servir" de vínculo entre alumnos y profesores.

Dos plantillas se postularos, Hermes los unos, Utopía los otros. Hermes con su mágica palabra, Utopía con sus sueños dorados; yo les dije: Hermes, lo oculto; Utopía, lo irrealizable.

Tras una votación poco cerrada la utopía se instauró en la escuela pues sus ideas de bien rebasaron a muchos, sobre todo a los herméticos.

Ahora que el tiempo ha pasado y las promesas resultaron infértiles vemos el nuevo reparto: los planes de Utopía tórnanse herméticos y el viejo Hermes se reúne para en la imaginación darles cuerda a sus ideales utópicos.

16 de septiembre de 2009

Essai française : « les mots qui partent »

Ne me dises plus mots

puisque tous se m'en sont allés

et donc je ne comprend rien...


 

Attends, ne parts pas !


 

« Toi », outre mot que m'abandonne.


 


 

[Las palabras que parten


 

No me digas más palabras

pues todas se me han ido

y así no comprendo nada...


 

¡Espera, no te vayas!


 

"Tú", otra palabra que me abandona.

Essai français: « ne pas dormir »

Être étendu horizontalement

pour se tomber verticale.

Pour quoi dormir ?

Les mots m'a dit

que la nuit garde un secret

pour moi,

pour toi.


 

Pour quoi dormir

sans vous ?


 


 

[No dormir


 

Yacer horizontalmente

para caerse vertical.

¿Por qué dormir?

Las palabras me han dicho

que la noche guarda un secreto

para ti,

para mí.


 

¿Por qué dormir

sin vos?]

Essai français: « écrire »

Aller au sud,

manger le papier,

descendre les mots,

finis les étoiles

avec le crayon,

allumer la main

avec encre noir,

refaire le monde :

la grand pomme de rêve.


 

[Escribir


 

Ir al sur,

comer papel,

descender las palabras,

terminar las estrellas

con lápiz,

iluminar la mano

con tinta negra,

rehacer el mundo :

la gran manzana de ensueño.]

Essai français: « l’espérance»

Le petit enfant

ouvre ses yeux

et ne regarde rien,

ferme ses yeux

et ne regarde rien.


 

« Il regardera, maman,

il regardera ».


 

[La esperanza


El niño

abre sus ojos

y no ve nada,

cierra sus ojos

y no ve nada.


 

"Ya verá, mamá,

ya verá".]

24 de agosto de 2009

Está loca

Está loca.

Eso es lo que le decía con señas la señora de atrás. Está loca.

Hacía calor, regresaba a su casa de la tienda y sentía el peso del Sol sobre su cabeza y hombros. La señora de enfrente seguía hablando (Tú saliste de casa de Jorge, ¿verdad?; te vi, saliste de allí, luego tomaste la camioneta; acababas de salir de la puerta verde, de con Iván...)

–No entiendo lo que me está diciendo, señora.

La de atrás le hacía señas. Está loca, está loca, no le hagas caso, está loca. Pero la de enfrente hablaba, acomodándose constantemente las gafas grandes, gruesas, opacas.

El calor aplastaba, cansaba. Hartaba. Iba a repetir que no entendía de qué le hablaba, pero aquella señora seguía:

–... no importa, tú eras el de verde, saliste de con Juan; voy a ir a hablar con tu mamá, porque te subiste a la camioneta verde; ¿de dónde venias?

–De la tienda, señora, fui a la tienda. –"Mi mamá ya está muerta, señora", pensó. La señora seguía hablando.

–....te subiste a la camioneta verde, te recogió tu mamá; saliste de casa de con Roque, saliste de allí, voy a ir a hablar con tu mamá.

Está loca, se cansaba de decirle, a base de señas, la de atrás. Se fue. El calor lo cansaba, las dos señoras lo cansaban.

Llegó a su casa. Se estaba sirviendo un vaso de agua cuando dio un brinco porque abrieron la puerta de su casa, "¿Está la señora?, su hijo salió de con Julio, el señor de verde, venía a decirle porque usted lo recogió en su camioneta...". Seguía hablando. Tiró el vaso del agua con fuerza en el fregadero, agarró algo del mango y arremetió contra la señora que seguía hablando del verde, de salir de casa de alguien y subirse a una camioneta.

Despertó.

-Mamá, creí que estabas muerta.

-Te vi salir de con Julio y subirte en una camioneta verde. Me alegra que estés bien.

-Achis, cuándo, ha de haber sido la señora loca esa; yo venía de la tienda.

30 de julio de 2009

Dindón

Dindón, dindón. Gabriela salió corriendo, sintiéndose perseguida por el fantasma. Se había vuelto loca.

La noche anterior un médium de la Extraña Compañía había preparado todo para que aquella alma turbulenta pudiera, ¡por fin!, descansar en paz... o simplemente irse, porque él no podía asegurarle a Gabriela que la sombra entre sombras descansaría en paz. Tras realizar el ritual de liberación el médium se fue extenuado: tampoco solucionó el problema.

Casi una semana antes, el espíritu trató de ser exorcizado por un miembro destacado de la Santa Iglesia Católica, mas al día siguiente el par de dindones, que anunciaban entrada y salida del espectro, volvieron a resonar.

Así había sucedido desde la apertura de la tienda de artículos religiosos, siempre al mediodía y cinco minutos después se reproducía el dindón del sensor de movimiento que anunciaba la entrada o salida de la clientela. Esos dos dindones y esos cinco minutos no siempre fueron desquiciantes, al principio Gabriela los relacionaba con la entrada de algún interesado.

Días después de abierta la tienda, cuando los ancianos dejaron de ir porque ya no les resultaba novedosa, Gabriela se percató de la enigmática regularidad: siempre al mediodía y siempre cinco minutos después. Inicialmente creyó que quien entraba era un ángel, un querubín aburrido que venía a hacerle compañía porque ella también estaba aburrida. Los artículos se movían de lugar en esos 5 minutos y ella lo achacaba a las travesuras del pequeño. Sin embargo, se desengañó rápidamente, pues en esos cinco minutos ocurrían sucesos espeluznantes. Los rosarios se restregaban por el suelo, los crucifijos se volteaban y tronaban, cuadros con pinturas de santos se caían misteriosamente boca abajo haciéndose trizas los marcos. Para Gabi ese par de dindones representaban la peor parte del día. Cinco minutos de insufrible agonía.

Con el tiempo y por miedo decidió cerrar la tienda treinta minutos antes del mediodía y reabrirla a la una, pero cuando volvía se encontraba con todo hecho un caos. Una día dejó una grabadora: calculando en la medida de lo posible el tiempo, se determinó que alrededor de las doce, sino es que a las doce exactas, se grabó un dindón, luego muchos ruidos en los cinco minutos consecuentes y finalmente otro dindón.

Por aquél entonces nació su hija. Fue cuando tuvo de verdad miedo de que el espectro fuera a dañar a su bien más querido. Aún así, antes de cerrar la tienda, en su desesperación, hizo hasta lo imposible por librarse del espíritu: desde verter agua bendita por doquier, hasta rezar innúmeros rosarios. Sin embargo, no importaba lo que hiciera, nada ayudaba: el fantasma llegaba puntual a hacer su desastre y cinco minutos después se iba.

Hubo un tiempo en que decidió hablar con la sombra, preguntarle qué le pasaba, qué quería, llorando, palideciendo, sacudida de escalofríos. Esto sólo empeoró las cosas. Se encomendaba a Dios, a la Virgen, a todos los santos. Nada servía. También pasó por su mente la idea de que Dios le había asignado una tarea que no comprendía muy bien aún, por ello fue a consultar a adivinos, médiums, oráculos... Lo único que consiguió fue perturbarse más. Después recurrió a personas que le fueran a hacer limpias, exorcismos, bendiciones, protecciones, brujas, cualquier cosa. Como siempre, nada sirvió.

En el psiquiátrico pasó mucho tiempo oyendo el par de dindones que la volvió loca. Dejó de oír el mundo exterior y se interiorizó y se hizo amiga del fantasma y habló con él. Su mente perturbada cada noche reconstruía los hechos de todo lo que había sucedido desde que abrió el establecimiento hasta el momento en que se encontraba, y ahora reía, lloraba, temblaba, babeaba y parecía gritar hasta con los ojos, junto a su fantasma privado, que a veces era un niño, otras un espectro, un querubín o un anciano.

Al encargado de sacar los artículos de la tienda le llamó la atención que el sensor anunciara que alguien había entrado. Era mediodía, trabajaba solo. Una voz que sólo él escuchó lo obligaba a mirar el sensor. Temblando se acercó al sensor que empezó a chillar cada vez más rápido, palpitante, aterrador. Con dificultad le dio la vuelta para apagarlo, las manos sudadas, el miedo en sus ojos, y vio con sorpresa que el sensor tenía seleccionada la opción de activar la alarma a las doce y el recordatorio cinco minutos después. Respirando tranquilo apagó el sensor, le quitó las pilas y lo metió en una caja que sería llevada a otra ciudad, a otra plaza comercial, a otro local de ventas. La caja la puso en el asiento del copiloto. "Ya está todo, vámonos". Cerró la puerta. Arrancó el coche. Abrió la ventanilla. Eran al rededor de las tres de la tarde cuando una brisa fangosa entró al vehículo. Dindón. La carretera nunca se había nublado así. Cinco minutos después se escuchó otro dindón saliendo de la caja. A lo lejos se divisaba la próxima ciudad.